Piedra sagrada blanca
Sagrada piedra gris
Agua llena mis ojos
Agua llena mis ojos
Agua verde
Piedra blanca
Tiempo.
Miro el agua.
Ojos ojos
Verde agua
Ojos verde
Ojos agua.
Entre el más allá y el menos acá.
Piedra sagrada blanca
Sagrada piedra gris
Agua llena mis ojos
Agua llena mis ojos
Agua verde
Piedra blanca
Tiempo.
Miro el agua.
Ojos ojos
Verde agua
Ojos verde
Ojos agua.
La siguiente lista de prontuarios fue cortezmente cedida por el Sargento Velasquez, de la comisaría primera del partido de Morón, provincia de Buenos Aires. Desde ya, otorgamos nuestro agradecimiento a este agente de la ley.
Folio 001-532.
Apellido: Charming
Nombre: John, alias El Inglesito.
Sexo: Masculino
Estado actual: Deportado. Presuntamente fallecido.
Entradas por: homicidio en primer grado, agresión a la autoridad, resistencia al arresto, terrorismo.
Descripción:
El joven Charming, inmigrante de origen inglés, llegó al país en 1912, con nueve años, acompañado de su familia para asentarse en el barrio de Nueva Pompeya, Capital Federal.
Su padre, George Darling realizó el traslado de su familia al ser promovido por la empresa ferroviaria en la que estaba empleado. Falleció en 1919, como consecuencia del acto pacificador emprendido por las Autoridades ante los acontecimientos que se dieron en llamar "Semana Trágica".
Luego de la muerte del padre, el masculino John Charming, de 16 años incurrió en una serie de ilícitos y faltas al Orden, apoyando a un grupo anarquista integrado por inmigrantes de su misma calaña.
Inculpado en 1922 por el asesinato de dos oficiales de la ley fue encarcelado, y luego de ser adoctrinado como es debido, se lo deportó al país de origen siguiendo la norma establecida por la Ley 4.144 de Residencia, luego de lo cual se ha perdido el contacto oficial con el individuo.
Archívese el folio, según norma correspondiente.
Folio 001-533.
Apellido: Charming
Nombre: Michael, alias Miguelito.
Sexo: Masculino
Estado actual: Fallecido.
Entradas por: enriquecimiento ilícito.
Descripción:
Historia familiar detallada en el folio 001-532.
Teniendo seis años al llegar a la Argentina, Michael Charming realizó sus estudios primarios completos, a pesar de los acontecimientos circundantes a su familia. Una vez concluído el primario, el ya llamado Miguelito Charmín desempeñó el trabajo de cadete en la fábrica Motores Argentina. Para quedar en el año 1930 como empleado fijo.
En 1936 se afilió a la organización sindical correspondiente a su rubro, para llegar a ser uno de sus representantes oficiales hacia el año 1946. En este año dio fin a sus actividades obreras para ocuparse en tiempo completo de la representación sindical.
En 1951 se abrió una causa contra él por enriquecimiento ilícito, pero el caso se congeló por falta de evidencias.
En el año 1955 se retiró casualmente de las actividades sindicales, en ingresó en las altas esferas directivas de la empresa de comunicaciones Teléfonos del Estado, posteriormente conocida como ENTel.
Falleció en su domicilio vacacional en Mar del Plata en 1985, por causas naturales.
Archívese el folio, según norma correspondiente.
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Haciendo una pequeña pequeña pausa en la lectura de los prontuarios, les comento que de quien no se menciona nada en los archivos policiales es de la hermana mayor de los Charming, Wendy. No hay entradas, no hay registros, no hay fotos. Es como si nunca hubiera existido.
Wendy Charming padeció tal vez una intensa pero aún así transitoria pena por la muerte de su padre. Tal vez repitió aquellos dolores ante la deportación de John, las acusaciones que cayeron sobre Michael, y la eventual muerte de su madre.
Pero quizás Wendy Charming se sobrepuso a estos dolores, conoció a un jóven ni muy apuesto ni muy desagradable, con quien emprendió un matrimonio ni muy alegre ni muy triste, para tener hijos ni muy brillantes, ni muy estúpidos, para terminar en la cama de un hospital, con una muerte ni muy amena, ni muy dolorosa.
Wendy Charming desapareció sin dejar cicatrices en una ciudad que la atacó desde el primer día en que puso un pié en ella. Se podría decir que a Wendy Charming, la ciudad se la tragó entera, de un bocado.
Pero nos queda aún un último archivo que podría ser relacionado con los casos anteriores:
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Folio 001-534.
Apellido: Pan
Nombre: Pedro, alias Piter.
Sexo: Masculino
Estado actual: Desconocido.
Entradas por: Secuestro y abuso de menores.
Descripción:
El masculino conocido como Pedro Pan, de origen desconocido fue buscado por la policía por los años ’10, ’20 y ’30. Su origen es deconocido, al igual que su certera descripción física. Sufriendo alguna aparente malformación que impedía ver en él el transcurso de los años, el masculino fue descripto por sus víctimas como juvenil, con un tono de voz agudo, tez oscura y cabellos negros.
El modus operandi del criminal constaba del ingreso a la propiedad privada por las ventanas, y la seducción y el engaño a los menores mediante una serie de movimientos estrafalarios que imitaban el vuelo y un modo de desplazamiento físico sobrehumano.
Si bien no se pudo dar con el paradero del sujeto, con la llegada de los años treinta, la ciudad entró en un proceso de modernización que acarreó el mejoramiento de las instalaciones edilicias, con nuevos elementos de seguridad que mejoraron el estilo de vida de los ciudadanos, como los barrotes en las ventanas, y el vayado eléctrico. La consecuencia de esta evolución del modo de vida urbano llevó a la supresión de las acciones de sujetos malformados mentalmente como el criminal Pedro Pan, de quien no se volvió a tener noticias oficiales.
Archívese el folio, según norma correspondiente.
Recorte del diario “La nación”, anexado a la ficha de Pedro Pan:
El pasado 16 de Mayo del corriente año, 1983, la cadena televisiva estadounidense NBC ha deslumbrado al mundo al mostrar el despliegue escénico del músico Michael Jackson, quien asombró a su público con un novedoso paso de baile que cautivó a sus seguidores en el mundo todo.
El nuevo movimiento de baile denominado “Caminata lunar” o “Moonwalk”, consta de una consecución de pasos en los cuales el artista simula flotar sobre el piso y desplazarse hacia atrás.
“Estaba seguro de que le iba a gustar a los niños”, declaró el cantante de música popular, quien afirmó haber ensayado previamente sus movimientos ante un público más restringido y cercano.
El actual presidente, General Benito Antonio Bignone Ramayón, declaró estar anonadado ante un acto de tan mal gusto y aseveró: “Es increíble que gente de esa calaña, hablando ese idioma, y escuchando esa música, nos haya ganado la guerra. Viva la patria.”
“Las guerras son tan diferentes como los soldados que las pelean”...
o
“Los soldados que pelean son tan diferentes como las guerras”...
o
“Las guerras y los soldados son la misma cosa”...
Sin sentido. La frase carece de sentido si se sigue preguntando. Las palabras carecen de sentido si se sigue preguntando. ¿Qué no pierde sentido si se lo interroga demasiado? Entonces, querido lector, tengo el angustioso placer de confesarte un pedazo tan minúsculo de la vida. Sucede que cuando me encuentro en Pompeya, el aroma de los hombres que bajan de los trenes es irrefrenable. Sí, ¿alguna vez lo sentiste querido lector? Es el aroma transpirado y sudoroso que desciende desde los vagones y se mezcla con el olor a chori y el perfume barato de los gatos, que andan como espíritus noctívagos. Pero nadie se asombra. Nadie se deslumbra por todas estas cosas ya. Por eso, tal vez, esta historia tan pequeña como el sabor de las horas viejas que uno pasa rememorando, entre el color negro y carpincho de los pelos bolitas que salen del Kory, crepitantes y descontrolados como perros alzados. Mientras uno avanza con la historia va pateando avenida Sáenz y se va apretujando contra los locales de ropa y las putas que van y vienen, y los que trabajan un poco más lejos y toman un bondi que se perderá en el paisaje de la provincia, por que nadie va, (casi nadie) sino que vienen todos. Recuerdo que de mas pibe iba a patear al Unidos de Pompeya y aún añoro las batallas futbolísticas que se prolongaban por largas horas... Sí, lo sé lector, crees que te describo el barrio, pero no el barrio de ciudad sino el barrio de provincia, y tienes razón si lo percibes, porque Pompeya es más parecido a William Morris, a la provincia y tal vez lo sea. Una continuación o extensión en medio de la capital. Es un elemento rezagado de la urbanización. Un chispazo en la memoria de los viejos que vivieron en colonias, como la de Traful y Cachi y vieron la calesita de Traful y Sáenz, repleta de pendejos que subian y bajaban. Pero yo no recuerdo eso, lo que si perpetuo en estas líneas oscuras como el color de los bolitas, son las noches en que uno tiene que correr alocadamente por una jauría de puesrcoespines o cuando cree haberse levantado una petisa calentona y es un traba encubierto, nada más... ¡Y ahí te quiero ver! Ahí tenes que pelar toda tu ciudad y salir matando para cualquier lado, aunque la aclaración es que no salgas para el puente, porque la canción se repite y no hay tu tía. Es difícil describir el puente que une lo mismo pero con distinto nombre, porque cuando le decís al tachero “hasta el puente Alsina”, te miran y rápido responden “Ahí no voy. Ni empedo voy” Y que digo, aunque digas Sáenz y la Perito Moreno, ya te miran y dicen que no, con el dedito.
Yo ya sé que vivir por ahí es como vivir con un fierro en la cabeza, pero me siento bien así. Viviendo con el fierro bien clavado en el marote, que no se despegue un segundo ni para matarme, que se quede así. Porque si vi calles de tierra y la polvareda levantarse desde el horizonte perdido, también lo vi en los pies repetitivos de los que van y vienen, y de los que se quedan. Porque cuando bajo del 85 que viene de Caballito, en La plata y Sáenz, y me siento un buen rato en la vereda a esperar que alguno de los muchachos (que también viene del laburo), caiga, para dividir algunos tragos, miro la belleza de los cartoneros que desfilan en las colas para subir al tren y los camiones llenos de gente que va y viene hacia diversos puntos, para que cada uno haga su recorrido habitual, de bolsa y tacho. Miro para el lado del puente, atravesando Esquiú, que supura sombras de aquí allá, atravesando Rabanal y Alcorta para chocarme con el puente infinito. Pero no lo subo todavía porque no me dan las piernas ni los ojos. Prefiero contemplar un gigante que no duerme ni descansa, sino que esta de joda constantemente, en una bailanta como el Kory. Esta el gigante, escabiando en la mitad de la estación mientras lo rodean las ratas y las pulgas.
Llega Pedro y es mejor tomarse un café, porque es lunes y no da andar mamado por la calle un día lunes y llegar a tu casa un día lunes, mamado. Después cae Tarántula y cuenta que lo rajaron de vuelta, que no le renovaron el contrato. Pedro le dice que pedimos un café pero el otro quiere un cartón en vaso. Yo sigo con mi cortado de lunes. El Tarántula dice que es el cuarto laburo que pierde en lo que va del año y esta cansando. Que en la villa le dijo un amigo de su hermano que anda pegando, si quería salir de caño. Él prometió pensarlo. Pedro lo mira y se relame el café que le quedó en el labio superior y se nota que el bigote le asoma tímidamente. –Sí- dice – cómo no voy a pensarlo, sería un boludo sino lo pienso-. Lo miro y creo que alguna vez de más pibe también lo había pensado, pero como algo muy remoto, alejado. Pedro sabe, el Tarántula esta dudando y cuando duda, es porque lo va a terminar haciendo. Ellos se conocen de antes, de mucho antes.
¿Vos matarías a un viejo, forro?- dice Pedro.
No sé, como voy a saberlo ahora. Si vale la pena...
Pero me estas cargando... De laburar en un supermercado, a matar un viejo... Sabes que es lo que me da pena – y me mira a mi- que por panchos como estos, muere cualquiera...
Tarántula se levanta y abre la puerta del Boliguayo.
Sale despacio.
Una semana después, Pedro y yo estamos en el mismo bar, mirándonos las caras y lamiendo el café que queda en nuestros labios superiores. Estoy seguro que él va a decirme lo que ya se. Me convence de eso, su cara, su rostro descompensado. Damos un par de vueltas sobre la cosa, mientras embarullamos con el partido histórico que Arsenal le ganó a River, por penales y encima en el monumental. Pedro se ríe y goza de la situación. Mata el café de un sorbo largo que hace algunos ruidos hacia el final. Yo lo sigo en el acto y nos quedamos sin café. Antes de hablar, presiento que esta por hacerlo, mira por la ventana. Cuando me doy vuelta, ahí están las flores de Sáenz, prolijas, haciendo la calle con serenidad. Las petizas levantan las miradas de todos los transeúntes.
Me señala una con la cabeza y en una mueca diminuta que quiere sonreír me dice que le gusta. No respondo.
Le pegaron un tiro en la frente. Pero fue por gil.
El pibe no tenía códigos. Vos lo conocías mejor que yo.
Es una lastima porque habíamos hecho cada una...
Ya esta...
Esas fueron las palabras que coronaron la charla porque antes me había referido la triste muerte de Tarántula. Al parecer entró con el amigo de su hermano en una casa, en Ventura de Vega y Ochoa, donde tenían la data de que había una pareja de viejitos italianos que encanutaban la tarasca. La data fue cualquiera y terminaron metiendose en la pieza de un tranza que sin más ni más, creyó que lo querían reventar y mientras se abanicaba con una boliguaya, le puso un tiro al otro y lo dejó desangrando, pero al tarántula lo dejo mudo, porque el boludo ni siquiera sabía tirar. No estaba en su corazón. Lo habrá interrogado unas tres horas mientras jodía con su cara y se la marcaba toda, se la llenaba de tajos. ¿Qué iba a decir el tarántula? Así es Pompeya, me dijo Pedro. “¿A quién se le ocurre querer robarle a alguien acá?” a lo que respondí que era no tener código.
Pedro se fue y son como las diez y cuarto del miércoles. Me voy para el lado de Sáenz y Caseros. Menos mal que no estoy mamado. Pienso que seguro el espíritu de Tarántula anda merodeando y que todavía debe estar fresquito. Sin dudas, es mejor que olvidemos rápido. Preferible entretenerse con las luces escasas que iluminan el paso de la avenida.
N.